La construcción del Mundial de Qatar 2022, una "prisión al aire libre"

La construcción del Mundial de Qatar 2022, una «prisión al aire libre»

«Me muero de hambre, no tengo dinero ni para pagar la comida. ¿Como devolveré mis préstamos si no tengo un sueldo a fin de mes? A veces pienso que el suicidio es mi única opción».

Gopal, de 34 años, es un ingeniero de Nepal que trabaja en la construcción de infraestructuras del Mundial de fútbol que Qatar acoge en 2022. Hace siete meses que no recibo ningún ingreso, casi 3.000 euros pendientes.

A Eric, un fontanero keniano de 26 años, le prometían 330 dólares de sueldo base, pero le dan 220.

«Me prometieron que tendría alojamiento gratuito y me darían comida. Ser un trabajador en Qatar es como estar en una prisión al aire libre. Parece que eres libre, pero estás atrapado. Sólo cuento los días para volver a casa con mi gente».

Huyen de la pobreza y el paro de países como Nepal, Bangladesh o India, pero el que se encuentran son abusos salariales que los llevan a endeudarse y a quedarse atrapados por un mecanismo de chantaje con los visados.

Esta es la situación que denuncia este lunes Humans Rights Watch en un extenso informe donde ha entrevistado a más de 93 migrantes que trabajan en más de 60 empresas diferentes.

El 95% de la mano de obra en Qatar son migrantes, un total de 2 millones de personas.

Muchos de ellos están construyendo los estadios, las infraestructuras de transporte o los hoteles para el Mundial de Qatar 2022.

Guardias de seguridad, personal de limpieza, de gestión o los obreros denuncian las condiciones de vida y un nivel de ingresos que no les permite ni comprar comida. Algunos se han endeudado para poder sobrevivir.

Sin recibir el sueldo

Unos sesenta trabajadores han corroborado explícitamente estos abusos: 9 aseguran que la empresa no les pagará porque no tienen suficientes clientes; a 55 no se les pagan las horas extras a pesar de trabajar más de 10 horas al día y 13 denuncian que les han cambiado el contrato inicial para favorecer el empresario.

Una veintena no recibieron el finiquito y una docena se les redujo el sueldo arbitrariamente.

Unas condiciones agravadas por la crisis de la Covid-19.

El subdirector de Humans Rights Watch en Oriente Medio y el Norte de África, Michael Page, constata que diez años después de que Qatar ganara la candidatura para acoger el Mundial 2022, los trabajadores migrantes continúan haciendo frente a retrasos de sueldos, impagos o reducciones de salarios.

«Sabemos de trabajadores muertos de hambre por culpa de los retrasos en los pagos de los salarios, empleados endeudados dejándose la piel en Qatar por sueldos mal pagados, y trabajadores atrapados en condiciones laborales abusivas por miedo a represalias».

Amnistía Internacional también se ha referido este año, y lo ha calificado como el » Mundial de la vergüenza».

«Los migrantes que construyen un moderno estadio para el mundial sufren abusos y explotación, mientras la FIFA obtiene enormes beneficios».

Como ejemplo de la situación sistémica sobre la que se está construyendo el principal evento futbolístico a nivel mundial, no sólo los trabajadores con un rango más bajo están sufriendo estos abusos.

Un responsable de recursos humanos de una empresa de construcción que se encarga de la parte exterior del estadio principal, dijo que su sueldo se había retrasado hasta cuatro meses al menos cinco veces durante el 2018 y el 2019. «Este retraso me afecta mucho porque voy tarde a pagar los gastos de la tarjeta de crédito, el alquiler o la escuela de mis hijos», denuncia.

El sistema Kafala, origen de la explotación

Las condiciones laborales en Qatar se rigen bajo el sistema Kafala, que requiere que los trabajadores no cualificados tengan un patrocinador local, que normalmente es la empresa que los contrata, que es responsable de su visado y estado legal.

Una práctica denunciada por organizaciones de derechos humanos para que lleven a la explotación de los empleados, a quienes se les chantajea firmar haber recibido un sueldo si quieren que se les devuelva el pasaporte.

Kristina, una camarera de 20 años de Filipinas, fue obligada por su jefe a firmar un contrato de cinco años, forzada a hacer horarios del día, y en caso de negarse, amenazada de ser devuelta al su país «sin nada». También denuncia las condiciones de vida:

«En los alojamientos, muchas veces no teníamos agua ni electricidad durante días. No podíamos cocinar o ir al baño».

En 2017, Qatar prometió eliminar el sistema Kafala, y si bien introdujo alguna medida que la ha debilitado, el mecanismo todavía otorga a los jefes un poder sin control sobre los trabajadores migrantes, según HRW.

Los abusos salariales también se deben a prácticas de contratación engañosas tanto en Qatar como en los países de origen de los trabajadores, que les obligan a pagar entre 700 y 2.600 dólares para asegurar los puestos de trabajo en Qatar.

Cuando llegan al país, pues, ya están endeudados y atrapados en trabajos en los que no cobran o cobran menos de lo esperado. De los empleados entrevistados por la ONG, 72 habían solicitado préstamos para pagar sólo estas tarifas de contratación.

El gobierno de Qatar creó lo que denomina Sistema de Protección de Salarios en 2015, un Comité de resolución de disputas laborales en 2017 y un fondo de apoyo y seguro para los trabajadores en 2018. Pero HRW constata la ineficacia e incapacidad de estos organismos para mejorar la situación.

«El tiempo se acaba y Qatar debe demostrar que cumplirá la promesa de abolir el sistema Kafala, mejorar los sistemas de control de los salarios, y adoptar nuevas medidas para abordar los abusos en las condiciones salariales», dice el responsable del ONG, Michael Page.

Más allá de la apelación al gobierno de Qatar, la ONG se dirige a la FIFA y le pide un papel de intervención en el país a la altura del problema. Y a la altura de lo que es el evento futbolístico más importante del mundo.

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